Antes de hablar, habita tu cuerpo. Explora respiraciones cuadradas, anclajes táctiles y preparación intencional de estados. Identifica gatillos personales y diseña microprotocolos de recuperación. Practica entrar a reuniones con propósito y calma disponibles. Esa presencia centrada reduce malentendidos, contagia seguridad y sostiene conversaciones largas sin agotamiento. La serenidad, más que la brillantez, suele abrir puertas complejas y mantenerlas abiertas para que otros también pasen tranquilos.
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